miércoles, 26 de noviembre de 2014

ARTICULO

UNA GENERACION DE TRANSICION…
Ramón Perdomo

Recién publicó en el Facebook una foto en su muro, el buen amigo JulyLópez: doctor en leyes, publicista, fotógrafo, locutor, comunicador yaprendiz de cocina.En el borde superior de ella colocó unas grafías que decían así: “Parece que fue ayer.........pero que va! Los años pasan y pesan.”

Recordé que al tiempo se le ha endilgado muchas cosas, tanto buenas como malas, por ejemplo hay una frase muy famosa entre los de mi generación y casi la anterior que expresa: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, la que se le adjudica al viejo vate español Jorge Manrique, quien la dio a conocer en unas coplas escritas a raíz de la muerte de su padre. El cantautor cubano Pablo Milanés sin embargo, tiene canciones con frases muy alusivas al tiempo y el ayer: “El tiempo, el implacable, el que pasó, siempre una huella triste nos dejó” y en otra un poco más romántica: “El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejo y el amor no lo reflejo como ayer”.

En la fotografía aparecen el propio López, Aris Palmero (Dr. Pastor Arismendi Palmero Guerrero) y quien suscribe y aunque tenemos entre sí diferencia de años de nacidos, vivimos una época que  contábamos con la misma edad. Disfrutamos de esa época que ahora vemos fue de transiciones, y que veníamos de hogares distintos, pero con las mismas ordenanzas sin discusiones de nuestros padres y nuestras madres, todo esto conjugado como vemos hoy día en los valores familiares.

El decenio de los 80 del pasado siglo, fue la época de los matrimonios, de contraer los compromisos sociales y familiares, de tener los hijos y soñar con su futuro, preparados ya sin darnos cuenta, para transmitir esos valores que nos impusieron nuestros mayores a fuerza de pelas, pellizcos, jalones de orejas, miradas fulminantes y un “cállese, que los muchachos hablan cuando la gallina mea”. No nos dimos cuenta hasta hoy, que aquellas expresiones iban a tener que desaparecer porque muchos niños de hoy día continúan las conversaciones de los adultos como invitados a la misma, y que pegarle a un niño para corregirle iba a ser violencia intrafamiliar, que los niños tendrían sus propios derechos y que serían inviolables, so pena de ir a un tribunal y hasta la cárcel.

Hoy sin nostalgia alguna, pero con la garganta reseca, recordamos los momentos de alegría, los de tristeza extrema, al saber de la muerte de un pariente cercano de alguno de los contertulios, los momentos de trifulca entre nosotros mismos, como el que se produjo entre quien suscribe y Palmero Guerrero: Yo con mi obtusa disciplina del tiempo, heredada en medio de las habitaciones oscuras conspirando contra el patrón, el sistema imperante y las fuerzas políticas exógenas. Y aquel amigo, buscando subsistir económicamente con sufamilia entre las veleidades de la vida. El seguir compartiendo sin rencores en las tertulias (pero sin dirigirnos la palabra por algunos meses), nos hizo olvidar aquel intercambio de puñetazos en plena vía pública  y hoy en medio de los avatares de la cotidianidad, nos conforma que nuestros hijos son amigos a la usanza de esta época.


Hemos pasado mucho tiempo juntos, riendo, llorando, tirando miradas prohibidas atreves del cristal de una copa, y ciertamente el tiempo nos ha dejado momentos amargos, pero también dulces y agradables. Lo que no hemos hecho ninguno de los de esa época, es preguntarle al tiempo por su pasado, para saber de él sus veleidades, sueños truncos y propósitos logrados. Nosotros somos una generación de la transición del absolutismo tradicionalista familiar, a la permisividad sistémica de la bisutería y el individualismo teológico de la salvación.

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